Posted On 14/06/2013 By In Ecumenismo With 1780 Views

Nuestra comunión solidaria: gestos concretos de amor

En este acto litúrgico quisiera evocar y recordar a un grupo importante de personas que forjaron y marcaron pauta en la formación y constitución del CLAI. Me parece oportuno destacar la vida y testimonio de personas sin las cuales este proyecto ecuménico jamás seria una realidad.

Pablo en Romanos 12:10 nos da una pauta adecuada: “Amaos los unos a los otros [y las otras] con amor fraternal;  en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros y [las otras]”.  En este espacio ecuménico que es el CLAI necesitamos recuperar la memoria de algunos nombres importantes. Me parece pertinente hacer memoria de ellos con ellas.

Reconocemos la labor y liderato de nuestro Obispo Federico Pagura. Pero me parece que Rita Alegría, aquella dulce y generosa mujer que tanto hizo por el CLAI, ha de ser reconocida. Quien la conoció no la pudo jamás olvidar. Ella fue secretaria personal, consejera, confidente y amiga de Federico. Por lo tanto, eje esencial en la gestión del CLAI. Él lo sabe. Las veces que compartimos en Buenos Aires con Rita en las residencias que vivieron, tanto en la época de CELADEC como en los tiempos del CLAI, allí siempre recibimos atención, hospitalidad y aquella inolvidable sonrisa. ¡Yo evoco la memoria de Rita Alegría y digo, Rita, presente!

De igual forma tenemos que destacar a Gladys, esposa de Emilio Castro, pionero de este proyecto que llamamos CLAI y su precursor UNELAM. Emilio y Gladys fueron siempre pareja hospedadora y amigable. Allí en Ginebra encontramos siempre ese cariño y abrazo cordial. Esa mesa amplia de “la casa de Betania en Ginebra”, como la denominara el propio Obispo Pagura, fue estancia y albergue para muchos latinoamericanos y latinoamericanas.

Evocamos, también, a José Míguez y a Noemí. Cuántas noches de amena conversación en Buenos Aires y en tantos lugares de Latinoamérica, Europa y hasta África. Valoramos mucho en esos espacios de diálogo no sólo la admiración que Noemí sentía por José, sino la valoración que hacía del movimiento ecuménico y sus avatares. Su ojo avizor y  su oído perceptivo nos daban pistas sobre asuntos que podrían serle ajenos y le eran muy cercanos.

Recordamos con mucho cariño y admiración a Pepita y Gabriel Vaccaro. Allá en Dimensión de Fe y en aquél apartamento acogedor pasamos momentos acogedores y gratos. Ella se esmeraba en ofrecernos no sólo hospitalidad sino afecto. Y el ambiente se tornaba en una íntima celebración de la amistad y la fraternidad cristiana.

¿Cómo olvidar aquellos momentos que pasamos los que laborábamos en el CLAI en nuestras visitas a Curicó en Chile? Allí nos recibían el Obispo Chávez y su esposa Anita, en aquella gran mesa de interminables conversaciones e interminables comilonas. Por años esa casa fue lugar obligado de visita para el CLAI.

Entonces, recordamos al Obispo Francisco Reus-Froilán y su esposa Doreen. Aquella residencia episcopal se transformaba en una posada de sosiego y tertulia amena. El rostro dulce de Doreen siempre nos comunicaba paz. Ella era el soporte fundamental para las tareas que nuestro querido Francisco realizaba en su diócesis y en la vice-presidencia del  CLAI.

Juan Marcos Rivera y Flor María Piñeiro fueron instrumentos de Dios para la formación del CLAI. Por años en aquella residencia en Cupey, un sector de San Juan, Puerto Rico, transitamos como en nuestra propia casa. Y nos propiciaron el espacio adecuado para dialogar, programar y perfilar tantas iniciativas ecuménicas, incluyendo el proyecto del  CLAI.

Recordamos a Gerson Meyer y a su esposa Romelia. Su hospitalidad en Campinas fue demostración elocuente de su vocación cristiana y ecuménica. Ella, excelente cocinera y conocedora de las artes culinarias, se esmeraba en servirnos y amarnos en un solo gesto de plena humanidad. Gerson, noble, humilde y servicial, siempre nos compartió sabiduría, humor y un afecto entrañable marcado por el amor.

Al  evocar y recordar a estas parejas ecuménicas, que forjaron,  como pioneros y pioneras, esta casa solidaria que llamamos CLAI, nos parece esencial insistir que nuestro compromiso ecuménico se origina en la convicción de forjar un instrumento eficaz de servicio a las iglesias de Latinoamérica y el Caribe. Estoy seguro de que estos hombres y mujeres que nos precedieron estaban convencidos y convencidas de que su compromiso era un gesto concreto de amor y de entrega a Dios. Así lo vivieron y así lo testimoniaron. Sus trayectorias de vida lo confirman.

Desde aquí decimos a voz en cuello: ¡Uds. hermanas y hermanos, para siempre, PRESENTES! El CLAI los bendice y les recuerda con amor.

Carmelo Álvarez

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